30 de julio de 2014

El despertar

Vuelvo a mi blog tras más de un año de silencio virtual, debido en gran parte a mi participación en un blog de fútbol ( http://www.estaestugrada.com/ ), y en mi regreso quiero presentaros mi primera colaboración musical y literaria con Juan Jesús Lupiáñez (alias John O' Perdono). Aquí está el enlace para poner la música con el texto (copiar y abrir en una pestaña nueva, la música empezará automáticamente), y si hubiera problemas, hay otro al final del texto en sí. 
https://soundcloud.com/johnoperdono/el-despertar




El despertar
Amanece en el dojo  y como cada mañana, Takeshi Mushasi se arrodilla en el suelo y reza antes de emprender su andanza. Es un samurái desde que alcanzó la edad para empuñar una espada y servir a su clan. El rezo a sus ancestros, es uno de los rituales que realiza al despuntar el alba y una vez finalizado éste y atada su katana al cinto, sale al exterior del dojo para dirigirse a los campos de cultivo. Pasea de un lado a otro respirando el aroma de la tierra, disfrutando de las primeras luces del día. Ha tenido la suerte de nacer en un lugar que ama y en el cual no tiene necesidad de muchos lujos. Prosigue hacia el bosque y con su katana en mano, comienza a practicar con ella cortando cada ráfaga de aire. El samurái es un servidor y un guerrero que antepone su vida individual al bienestar de una comunidad. Está dispuesto a vivir cada día como el último, porque cuando llegue su hora, estará preparado para dejar este mundo y seguir luchando en el siguiente.
Tras varias horas de práctica con la katana, se refresca en la cascada que hay al final del bosque. Vuelve al pueblo y se une al grupo de meditación. Todos comparten su bushido, todos conocen su deber, su cometido, y ninguna edad difiere para ello. Su filosofía es que no hay más guerrero que el que se sacrifica con una vida de servidumbre, con el honor y la lealtad como estandartes. Al acabar de meditar, vuelve al dojo, coge su arco y sus flechas y camina hacia el bosque, a practicar varias horas más. El día no ha llegado a la mitad, pero Takeshi ya se prepara para la batalla que tendrá lugar al día siguiente. Se acuesta, pensando en lo que le espera, en el terreno en el que yacerán sin diferencia amigos y enemigos, en el aire húmedo que les acompañará durante la contienda… y se abandona al sueño.
Al día siguiente, embutido en su verde coraza, cabalga hacia la batalla, una más, en la defenderá su honor y el de su clan. Varios centenares de guerreros parten de la aldea samurái, y ninguno de ellos tiene la certeza de que regresará. Él empuña su katana y se acerca raudo al lugar donde esperan sus oponentes. Es un samurái, y como tal, no teme a la muerte, sino al deshonor de no morir luchando. Ha desmontado veloz de su caballo y comienza a cruzar su katana contra las de los adversarios que le salen al paso. Los demás samuráis de su clan se encuentran también combatiendo a su lado, y el aire no tarda mucho en impregnarse de sangre, casi sin que ésta se vea afectada por las fuerzas terrestres, y parezca flotante sobre los hombres que girtan, mezclada con el sonido metálico de las katanas que chocan entre sí. El frenesí del guerrero hace exprimir al máximo cada fracción de segundo, cada uno de los sentidos, y hace nublar todo atisbo de miedo combatiendo con el doble de valentía, ya que el único miedo es el de morir mostrando cobardía.
Las flechas vuelan por el cielo, con distintos destinos, silbando los oídos de los guerreros en la escaramuza. Takeshi nota fatigados los brazos, pesadas las piernas, y sabe que un despiste pueda causarle la muerte. Su coraza, está manchada de la sangre de sus contrarios, samuráis al igual que él, sin miedo a morir por servir a su ideal, y es lo que hace que admire a su rival por encima de otros sentimientos. Ve a compañeros caídos, y a otros en pie que continúan luchando. Las flechas siguen tiñendo el día de ráfagas oscuras a su paso, resonando en los oídos de los contendientes. Cada vez hay más muertos y más heridos que tratan de mantenerse en pie. El terreno sobre el que luchan, de verde césped al inicio de la batalla, se muestra ahora tiznado de rojo sangre. Takeshi se nota muy cansado debido a las heridas sufridas y al combate, ganando velocidad hacia la muerte. Trata de recordar el día anterior y la calma que experimentaba, la unión de su yo físico y el espiritual, y recobra parte de su vitalidad.
Los enemigos empiezan a menguar y retroceder, viéndose superados en número por sus rivales. Takeshi corre a buscar su caballo y se arma con su arco y las flechas que se encuentra en la montura. Dispara a sus iguales en retirada junto a los arqueros de su clan, obligándoles a huir a los bosques por los que llegaron. La batalla ha terminado. Muchos son los que cayeron abatidos, y los que quedaron no pueden hacer más que enterrarlos allí mismo, hincarse de rodillas sobre el terreno, y honrar a sus hermanos con un rezo por que sus almas inmortales alcancen la iluminación en su forma etérea. No hay motivo alguno para celebraciones, por lo que los samuráis ya preparan sus equipos y monturas para volver a casa cuanto antes.
Los que sobrevivieron regresan al pueblo, y Takeshi se dirige al dojo. Muy pocos regresaron de la carnicería. La vida del guerrero es así, nunca se sabe qué día será el último, ni de qué forma llegarán los últimos instantes. Lo único que Takeshi entiende, es que la continua lucha le ayuda… en su despertar.


Texto original: José Carlos García
Música y efectos: Juan Jesús Lupiáñez
Edición del texto: José Carlos García y Juan Jesús Lupiáñez

http://www.hispasonic.com/musica/jota-lupianez-despertar/99879

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