15 de noviembre de 2012

Un juego que hace pensar: El ajedrez


Es difícil hablar de algo que le guste a todo el mundo. Y dentro del mundo de los juegos de mesa y los juegos de lógica, cuesta más aún reunir multitud de opiniones que apunten favorablemente en la misma dirección. La gran multitud de juegos que hay, de mayores y menores desafíos a la lógica, de más o menos complejidad en cuanto a su formato de juego o sus reglas, y de una temática u otra, da infinidad de opciones sobre las que hablar.

Hoy me apetece hablar del “ajedrez”, un juego de mesa tan popular históricamente, que aunque alguna persona se ría al leer esto, se llegó a considerar como un deporte en toda regla. ¿Deporte por qué? Alguna persona podría pensar, y me parecería un razonamiento lógico y coherente, que el ajedrez no requiere de ningún esfuerzo físico, que es el pilar fundamental para considerar algo como “deporte”. Es cierto que no requiere de un esfuerzo motriz que permita catalogar a este juego como un deporte de verdad, pero ello no implica que detrás no haya un fuerte esfuerzo mental. Me explico; el fútbol, el baloncesto, el tenis...son deportes que requieren de mucho desgaste del cuerpo sí, pero no sólo de esa parte, sino también de la mente. Puedes ir perdiendo un partido por una amplia ventaja, pero pensar que sólo tú puedes cambiar eso, y que el poder para ello reside por empezar creyendo que puedes hacerlo. Esa fuerza mental es la que engrana con lo demás, de tal modo que te hace ser más competitivo. Y el ajedrez requiere básicamente de ese componente psicológico, en unión a otros factores.

La anticipación, el cálculo, la imaginación y el atrevimiento, son otros elementos de este maravilloso juego. Respectivamente...la anticipación consiste en preveer los posibles movimientos de tu rival antes siquiera de que éste los haga, trazando un plan a seguir si las cosas salen como están pensadas. Cálculo, es la necesidad de explorar mentalmente todas las posibilidades de juego que puede ofrecer una jugada u otra, así como los riesgos y ventajas de una jugada propia. La imaginación y el atrevimiento pueden ir unidas, en jugadores que mediante movimientos insospechados o ciertamente desconcertantes, hagan jugadas “de sacrificio” de piezas, o de las que en un primer momento no entendamos nada.

Uno puede pensar que el jugador más complicado de afrontar, es el que más sabe y que todo lo controla, pero a veces también puede serlo uno que no tiene miedo de arriesgar con sus jugadas y de ponerse en el filo de la navaja. Y es que como he dicho anteriormente, este es un juego que desafía a la lógica, y como tal, cada persona a la que te puedes enfrentar es un mundo. Ni que decir tiene que el cansancio físico o un estado de desánimo, pueden afectar y afectan considerablemente las posibilidades de ganar, a cualquiera que pretenda ponerse frente a un tablero de ajedrez. ¿No es eso lo mismo que le puede pasar a un deportista? Es una razón tan coherente como la anterior que pregonaba justo lo contrario.

Para hacer una breve introducción (que quizás no sea tan necesaria dada la popularidad), un tablero de ajedrez tiene el siguiente aspecto: 



Hay dos colores de piezas como puede apreciarse, blancas y negras. Las blancas son las que empiezan siempre jugando. En esa misma foto aparecen numeradas todas las casillas, pues es frecuente que en torneos por ejemplo, los jugadores anoten las partidas (con la ventaja de poder analizarla tranquilamente una vez acabada). Las figuras totales de las que dispone cada jugador pueden apreciarse de un simple vistazos a la imagen. Cada figura tiene sus movimientos, de eso no hay duda, por lo que todas y cada una pueden tener mayor o menor importancia durante el transcurso de una partida, que puede ser muy larga. Y para quienes no conozcan los movimientos de cada pieza, y tengan curiosidad por ello, les invito a valerse de internet o cualquier libro de ajedrez para una información más pormenorizada. Les valdrá la pena.

¿Y el objetivo final del juego? Hacer el conocido "jaque mate" al rey rival. Y esto se produce cuando las figuras de un bando, a través de "jaques" (amenaza a la casilla donde se encuentra el rey), consiguen dejar sin escapatoria al rey rival, y sin posibilidad de que ninguna otra pieza pueda interponerse para defender su rey. Hay infinidad de jaques mates conocidos, cuyo estudio suele ilustrar a los jugadores para escoger una forma en que terminar su partida, según disponga de unas piezas u otras, o según la posición en la que éstas se encuentren. Es por ello que el final, aunque siempre sea el de hacer el "jaque mate", puede producirse de muchas formas, dotando de gran vistosidad cada final de partida.

El ajedrez es mucho más que un juego de desafío a la mente, más allá incluso del enfrentamiento de dos personas. Cada partida puede deparar una aventura distinta, pues cada rival puede jugar de distintas formas. Y de esa variedad indefinida de posibilidades, tienen parte de culpa las llamadas "aperturas", palabra que engloba una serie de movimientos automatizados de las dos piezas que llevan a una posición determinada. Para quien sepa aperturas, le será mucho más fácil seguir una serie de movimientos de sus rivales, y más aún, le permitirá conocer sus posibilidades de movimiento ante una jugada u otra. Hay muchas aperturas estudiadas a lo largo de la historia del ajedrez, y éstas cuentan con muchas variantes cada una, producto de la innovación, el atrevimiento y el análisis de jugadores que optaron por variar algún movimiento de ese esquema fijo de la apertura, y descubrir sus ventajas o desventajas. 

Algo característico del ajedrez, como muchos otros juegos, es que posee su propia terminología. Palabras como "tijeras", "doblete", "enroque", "peón pasado", "variante", "jaque descubierto" y muchas más, pueden tener un significado muy claro para jugadores de ajedrez, distinto del normal de cada palabra. 

Y algo que destaca este juego ante muchos otros, es la existencia de clubes para aprender sobre él. Un servidor ha formado parte de uno durante muchos años, y es una parte de mi vida que miro con cariño y aprecio. Porque formar parte de un club de ajedrez, es mucho más que aprender sobre este juego o deporte (ya según la opinión de cada uno). Formar parte de ello te permite jugar muchos torneos, no sólo contra personas del mismo club, sino también de toda la ciudad, comunidad e incluso país. 

Y un torneo, por encima del objetivo de competir, te permite disfrutar del ajedrez en toda su extensión (jugar partidas, hablar de ello con algún otro jugador...), conocer muchas otras personas afines en cuanto a esa afición, viajar dependiendo de dónde se vaya a jugar, y en definitiva, saborear bien este arte, en compañía de gente que lo aprecia tanto como tú. Aquí no se compite por meter un gol en un partido de fútbol, o ser el "mvp" de un partido de baloncesto; aquí se juega por amor a este juego, por desafiar nuestra capacidad de razonamiento, y por encima de todo, por la pasión que se puede despertar, a quién realmente disfrute con esto.

Espero haber sabido transmitir parte del gran aprecio que siento por esta afición, y que tantas horas me ha hecho pasar entretenido, practicando frente al ordenador o con un tablero y un libro, yendo a clases en el club, o bien jugando torneos ante todo tipo de personas. Gracias por compartir un pellizco de vuestro tiempo leyendo este artículo entero, o al menos parte de él.


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